
La guitarreada
Un cantor abre la noche. Después, la guitarra empieza a pasar de mano en mano.
LAS MARTINETAS ◆ BUENOS AIRES
Una peña para volver a encontrarnos en La República, el antiguo Hotel Francés. Guitarras, cocina criolla y baile en el corazón de Las Martinetas.
Así imaginamos la primera peña, desde la llegada de las empanadas hasta la última chacarera.

Un cantor abre la noche. Después, la guitarra empieza a pasar de mano en mano.

Empanadas con repulgue a mano y una olla de estación para compartir en mesas largas.

Se corren las sillas. Quien conoce la vuelta de la chacarera se la enseña al que recién llega.
Mucho antes de que pensáramos en una peña, el Hotel Francés ya reunía a Las Martinetas. Había diez habitaciones para los viajeros, un bar de copas y funciones de cine. Después de 1918, lo administraba la familia Trinchere.
En esa casa, hoy conocida como La República, proponemos preparar el salón para la música y el baile, y aprovechar el parque para las guitarreadas de buen tiempo. La sobremesa volvería a ser un buen motivo para quedarse.
Ver fotos y escuchar la audioguía municipalQueremos que la posta tenga vida también de día. Tres maneras de hacerla entre los vecinos, las escuelas y los artistas de la región.
Talleres de guitarra, bombo y danzas para distintas edades. La idea es que quien aprenda su primera chacarera en la posta pueda bailarla en la peña siguiente.
Una tarde para acercar fotos del hotel, reconocer caras y grabar relatos con permiso de sus protagonistas. Cada encuentro podría dejar una historia para compartir con las escuelas del partido.
Proponemos una peña mensual con un número invitado y un tramo de micrófono abierto. La entrada ayudaría a pagar a los músicos y la cantina daría trabajo, por turnos, a cocineros y productores locales.
La República · Antiguo Hotel Francés
Partido de General La Madrid, provincia de Buenos Aires.
Estamos dando forma a la propuesta. La fecha inaugural, los artistas y la modalidad de entrada se anunciarán aquí.
Para abrir la noche, imaginamos a un dúo de la región tocando cerca de las mesas. Una zamba conocida alcanza para que alguien se anime a cantar el estribillo.
Después del repertorio invitado, el anfitrión acerca una silla a la ronda. Quien traiga una guitarra, una copla o un poema tiene su turno. También hay lugar para quedarse escuchando.
La propuesta empieza con una fuente de empanadas en el centro de la mesa. El plato de olla cambiaría con la estación y con la receta de la familia que cocine esa noche.
Imaginamos turnos para cocineros de Las Martinetas y compras a productores cercanos. En cada peña, la carta podría llevar el nombre de quien amasó, guisó o preparó el postre.
Antes de la primera chacarera, una pareja de la zona podría enseñar la vuelta entera y el zapateo. Con unas pocas señas ya se puede salir a la pista.
El salón tendría un centro libre y sillas alrededor para mirar, conversar o descansar entre piezas. Una zamba más lenta les daría su momento a los pañuelos.